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Entrevista a Camila José Donoso, directora de Transfrontera

Cami Nona

“Nuestro trabajo será reunirnos a todos y todas a dialogar a través del cine, a pensarnos sobre todo como pueblo, y algo un tanto privilegiado: detenerse de la rutina del trabajo para “jugar” y crear a través de esta herramienta expresiva que es el cine.”

Camila José Donoso, cineasta, co autora de “Naomi Campel”, y con dos proyectos cinematográficos prontos a estrenarse (“Nona” y “Casa Roshell”), es la actual directora de Transfrontera, escuela experimental e itinerante de cine, que este año reunirá en el mes de julio a personas de diferentes regiones del norte de Chile, de Perú y Bolivia para participar de una experiencia única que entrecruza cine y territorio, desde una perspectiva transidentitaria.

¿Cómo surge la idea de Transfrontera?

Comencé haciendo talleres que inicialmente se llamaron “Transficciones” y luego “Biografías performáticas” hace dos años, cuando acabábamos de estrenar Naomi Campbel nuestra primera película. Junto con Rocío Romero, organizamos un circuito de proyecciones en diferentes poblaciones por Santiago y muchas salas por todo Chile, además de Arica donde ella reside y de donde es. Luego  tuve la oportunidad de ir conociendo muchos espacios, desde cineclubes a centros culturales de amigos activistas en Ecuador, en Bolivia y  específicamente todo el trabajo desarrollado en Oaxaca, México, a partir de- un concepto nuevo que aprendí- la “comunalidad”. Estas nuevas formas aparecieron en un pueblo llamado Guelatao, junto con Luna Marán, una chica que como nosotras hace un montón de cosas de manera independiente, y me maravillé en la forma en cómo funcionan estos pueblos y cómo mi amiga había armado una red admirable de mujeres que organizaban sus propios cineclubes y talleres. Eso desde mi activismo como feminista fue un momento decisivo para entender que teníamos que hacer algo así en Chile. Mi alianza con ella y sus redes por los pueblos al sur de México, inspiraron Transfrontera, además de mi interés por crear una red latinoamericana tanto de distribución, como de creación.

¿Por qué en las fronteras y por qué es itinerante? ¿Tienen pensado cual será el próximo territorio fronterizo donde se instalarán?

Es itinerante y nómade, transcultural y transfronterizo, así como desarraigado y andino. No queremos situarnos sólo dentro del país, sino más bien pensarnos como territorio sudamericano y latinoamericano. Nuestra alianza con Perú y Bolivia es una alianza no tan sólo estratégica, no queremos formar industria ni reproducir convenciones de mercado, esto es una alianza comunitaria a través del cine.

Llama la atención la convocatoria tan libre, no hay prácticamente ningún requisito para postular ¿Cuál será vuestro criterio de selección de los postulantes y proyectos?

Pues sí, no nos interesa sólo trabajar con gente que tenga una formación previa audiovisual, de hecho para mí hay más libertad cuando no se pasa por cierta escuela, ya se de ficción o de documental. Nuestro criterio de selección serán las intenciones de crear y aprender, de tener una idea inicial. Por nosotras, que ni siquiera existiera proceso de selección, y fuera totalmente libre y gratuito, pero por temas meramente económicos hemos delimitado la convocatoria para 50 personas.

Hablemos del concepto trans ¿Qué buscan al usarlo como prefijo, en este caso de la palabra “frontera”?

Es un prefijo que permite adquirir cierta libertad y desestructuración del pensamiento, sobre todo entendiéndolo desde el cine como actividad de representación del mundo, de la vida. Por eso al situar el prefijo trans antes de la palabra ficción o la palabra frontera, algo interesante pasa, todo se puede transmutar. También cuando anteponemos la palabra trans nos permite desaprender esas mismas palabras.

¿Y si lo aplicamos a la palabras “identidad” o “cultura”?

Podríamos quizá entender nuestra forma sincretista y mestiza que nos conforma como latinoamericanos, algo que se cruza con la geografía delimitada por ciertas fronteras- creadas por hombres y guerras- que separan culturas, pero que en el fondo se parecen, porque están unidas.

Hablar de “cine experimental” puede resultar ambiguo ¿cómo abordarán ustedes lo “experimental”?

Lo trans también es ambiguo y la identidad en ciertos lugares- ¿o casi todos?- también es ambigua. Me interesa trabajar desde ahí, desde la experimentación y no algo que tenga que ver con una formación clásica o convencional de cómo se hacen las películas. Nos interesa que trabajemos lo experimental desde muchos aspectos, por un lado desde su forma de producción independiente y de “guerrilla” y por otro lado, los invitados y las películas que hemos programado tienen que ver con un cine que explora y que no es tradicional en ningún sentido. Puede llamarse no ficción o transficcion o documental creativo, por eso la invitación es abierta y estamos desarrollando una forma de trabajo personalizada, con directores que trabajarán de manera muy cercana con los talleristas, pensando en la particularidad de cada proyecto. Y otra cosa importante  es todo el trabajo que haremos con material fílmico, tanto en super 8 como en 16mm, de hecho en la escuela, y gracias a la alianza con Nelson Vargas, un gran profesor que es uno de los únicos en Chile que continua trabajando con estos materiales, armaremos un sistema de revelado artesanal de super 8.

Cuáles son sus expectativas para esta primera versión y por qué creen que es necesaria esta instancia.

Tengo muchas expectativas de cómo será esta primera edición. Nuestro trabajo será reunirnos a todos y todas a dialogar a través del cine, a pensarnos sobre todo como pueblo, y algo un tanto privilegiado: detenerse de la rutina del trabajo para “jugar” y crear a través de esta herramienta expresiva que es el cine. Digamos que es un privilegio también agarrar una cámara y filmar. ¿Podremos desaburguesar un poco el cine? Pues quizá. La apuesta más ambiciosa de Transfrontera es esa, crear memoria y registro de los que, por falta de ciertos privilegios, no han podido escribir su historia.  Si pensamos en los registros que hay de super 8 en Chile, todos, en serio todos, son de familias ricas en su mayoría de la capital ¿Porque los obreros no tienen un registro propio? O peor: ¿Porque otros han venido a filmarnos con sus ojos exotizantes? Por eso la escuela es gratuita y donde no se necesita una formación “profesional”, conociendo el terrible panorama educacional que vivimos en Chile.

Por Naomi Orellana

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