bitácora

Cine como política de la ternura

Por Cristian Cabello

La Casa Yanulaque de la ciudad de Arica se ha convertido estos días en una sala de cine. Directores de cine político independiente y un grupo de 50 residentes provenientes de distintas ciudades de Chile, Perú y Bolivia se reúnen durante una semana para aprender sobre un cine que experimenta con las poéticas del registro documental y la ficción de un cine sin grandes presupuestos. Hay muchas ganas de aprender entre los asistentes, muchos han recorrido kilómetros en bus para asistir a esta escuela transfronteriza. La Paz, Trujillo, Iquique, Huatajata, la amazonía peruana y Arica son algunos de los lugares de origen de los residentes.

Como parte del cine club gratuito el martes 19 de julio a las 20 horas en la Casa Yanulaquese se realizó la exhibición de uno de los documentales que, sin duda, ha marcado la historia del cine chileno. Se trata de “Cien niños esperando un tren” de Ignacio Agüero, quien participa como tutor en la Escuela de cine experimental Transfrontera. Ignacio Agüero participó en un conversatorio que se extendió por más de una hora, posterior a la exhibición de la película que recientemente fue presentada por su director en Japón.

La película fue censurada por la dictadura y calificada para mayores de 21 años. Varias personas lloran con esta película que muestra un Santiago a fines de los años 80, un Santiago sin smog y a un grupo de niños que aprenden sobre el cine, lo que es un traveling y un fotograma. Durante el conversatorio el director de la película explicó sorprendido cómo la película ha cautivado a un público japonés, un público que parece tan lejano a una historia marcada por la precariedad de un santiago desigual ¿El cine político puede emocionar desde la ternura? Esta fue una de las preguntas que rodó durante el conversatorio moderado por el crítico de cine John Campos (peruano).

Se planteó la posibilidad de hacer un cine político no-propagandístico, es decir un audiovisual político que no busca instalar ideas y verdades, sino buscar que hay detrás de las ideas. “Lo político era hacer la película en ese momento”, respondió Agüero, apelando a un tiempo de urgencias, donde muchas mujeres quedaron liberadas de sus hombres por una dictadura asesina, las mujeres se vieron obligadas a salir de sus casas y, según Agüero, descubrieron el mundo. Un cine político que no comienza desde ideas, un cine que se opone al proselitismo político. Así se imagina la transficción en esta ciudad transfronteriza. “Es una película vibrante”, dijo uno de los asistentes del cine club. Para Agüero el cine documental experimental “no tiene el propósito de obtener algo, no hay objetivo”.

El documental independiente aparece marcado por una política de la ternura con quienes y lo que observa a su alrededor, un cine que no busca sacar provecho, sino sorprenderse e inventar ante la contingencia de lo cotidiano.

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