bitácora

¿Quién tiene el poder de hacer cine? Crónica de la primera vez en Tacna y Arica del director colombiano Luis Ospina

Bitácora del primer festival de cine experimental Transfrontera

Por Cristeva Cabello

El “pé”, así nombra el colectivero ariqueño al terminal de los buses que viajan hasta la ciudad peruana de Tacna. En la micro que cruza la frontera entre Chile y Perú hay varias mujeres indígenas en los asientos, algunas se sientan sobre unas cubetas. Un hombre peruano les gritó: “¡váyanse colombianos!” a una familia de personas negras que demoraron la partida del bus. No hablaban muy bien español y no tenían los papeles solicitados por el inspector del bus para pasar la frontera. La frontera se volvía un impedimento para un grupo de mujeres, niños y hombres sin papeles, obligados a bajarse de la micro por una ilegalidad que marcaba sus pieles, con rabia, sin entender muy bien qué ocurría una de las niñas debía bajarse del bus, llevaba la gaveta del baño, con útiles de aseo a medio usar, con pasta y cepillo de dientes, otros niños llevan frazadas, pareciera que estuvieran arrancando.

 

El viaje a Tacna es silencioso. Voy de viaje a recoger al director colombiano Luis Ospina quien cerrará el cine club de la escuela de cine experimental Transfrontera el viernes 22 de julio con la exhibición del falso documental “Agarrando pueblo” de 1978. No hay vuelos directos desde Bogotá a Arica, así que lo más eficiente es un viaje hasta Tacna.

Hasta allá lo vamos a buscar. El desierto minado separa dos ciudades que pertenecieron a Perú a finales del siglo XXI. Es tarde y algunos peruanos regresan de sus trabajos, otros duermen en el microbús que nos lleva de Chile a Perú por dos mil pesos. Las mujeres indígenas bromean con el encargado peruano que corta los boletos y quien se encarga de recoger los papeles personales de la aduana. En sus manos se confunden carnets de Perú y Chile. Las mujeres llevan cargas consigo y bolsos con productos. Usan sombreros grandes de jeans para protegerse del sol que no deja ver y utilizan trenzas ajustadas que estas mujeres no pueden soltar, al menos en público. Afuera de la micro la frontera de desierto se aprecia de color café, a veces rojizo y anaranjado.

 

El rostro de la ex–candidata presidencial Keiko Fujimori en la fachada de una casa me recibe en la ciudad de Tacna. En un televisor de una sala de café de la calle Bolognesi informan que el nombre del nuevo presidente es muy complicado de escribir, haciendo patente la distancia que siente un país con un presidente de apellido Kuczynski. Taxis-motocicletas pequeñas y de tres ruedas atraviesan las calles ubicadas en los bordes de Tacna. En esta ciudad abundan los repuestos dentales, se ofrecen salvoconductos, tapaduras, placas dentales e higiene bucal en general. Hay salas especiales de dentistas para niños. Entre pollerías y locales que venden productos de cumpleaños y bautizos las calles de Tacna ofrecen mejorar la sonrisa, cuidarse la boca, y es que los chilenos viajan para conseguir sacarse sus caries, tener una sonrisa digna es quizás una ansiedad capitalista de los chilenos. Pienso en nuestras caries, pienso en nuestros dientes chuecos. Telas con los colores de la bandera peruana cubren la fachada de la catedral de Tacna y niñas escolares asistentes a una misa religiosa en masa. El taxista camino al aeropuerto lleva una frazada para cubrir sus piernas. Los autos se lanzan en las calles. En el aeropuerto de Tacna las pantallas promocionan ropa de alpaca, bufandas y abrigos modelados por delgadas mujeres blancas, subtítulos en inglés, territorios andinos y algunos animales. La noche es más fría en Tacna. Un taxi nos llevará hasta Arica con el director caleño Luis Ospina.

Pueblos unidos por el cine

A inicios de los años 90 Luis Ospina realizó una película experimental con el cineasta chileno Raúl Ruiz titulada “Capítulo 66”, realizada durante una residencia en Bogotá. Camino a Chile, Ospina recuerda cuando Ruiz asistió al estreno de su película “Agarrando pueblo” en París: “me sentí muy agradecido de que él se tomara la molestia de ver mi película un sábado en la mañana. Al final de la proyección Raúl volvió a sonreírme con cara de complicidad y me felicitó con la discreción característica de los chilenos” (en su escrito “Cenas y escenas con Raúl Ruiz” (http://cinelatino.revues.org/414). Ospina es un hombre alto, su cabello es canoso y usa unos anteojos transparentes. Es su primera vez en Arica. En una ciudad puerto donde aún se observan edificios antiguos más o menos cuidados que pertenecen a la historia de Chile, Perú y los aymaras. En el taxi de regreso a esta ciudad conversamos sobre la guerra entre Chile y Perú, sobre las tensiones entre la elite masculina política chilena y boliviana. El taxista es peruano y aporta con datos históricos a nuestra conversación. Arica es un puerto que lleva el nombre por un santo: San Marcos de Arica.

Luis Ospina es director del Festival Internacional de Cali (FICCALI), me cuenta que este año presentará su nueva película de tres horas y media en el Festival de Cine de Viña del Mar en Chile. Se trata de “Todo comenzó por el fin”, una autobiografía donde el cineasta de Cali se muestra a él mismo durante el proceso de su enfermedad que casi le cuesta la vida. Ospina fue el invitado final de la Escuela de cine Transfrontera, dirigida por Camila José Donoso. Al llegar a Casa Yanulaque el día viernes, Ospina llegó a un espacio de creación artística donde distintos residentes cortaban filmes, editaban sus imágenes, revelaban cintas, compartían sus opiniones y registraban con cámaras handycam. Una proyectora de súper 8, marca Eumic, proyectaba las imágenes de una cholita en el mar chileno, parecían imágenes de hace cien años pero eran imágenes del hoy. La musa de la película era Yola, una de las residentes bolivianas y activista del colectivo Mujeres Creando. En las imágenes proyectadas sobre la pared, Yola jugaba con sus trenzas y su sombrero negro. Su belleza y su sonrisa adornaban unos planos donde las olas rompían y su cuerpo aparecía a contraluz saludando. Las imágenes eran de color de sepia y los carretes de los proyectores resonaban en toda la sala, la materialidad del cine se percibía. Yola me hizo una pequeña entrevista para llevarse mi voz a Bolivia. Yola quería saber cuáles eran los mensajes, los prejuicios, la opinión que los medios chilenos emiten sobre Bolivia. En una conversación intensa, donde nos abrazamos, descubrimos cómo una elite masculina chilena rechaza y genera enemistad contra los bolivianos. Si bien los países y sus elites políticas pueden estar divididas, es la creación de cine experimental el que permite unir pueblos divididos históricamente en un conflicto latente.

El cine está vivo en Transfrontera, he visto mucho entusiasmo en el corto tiempo que llevo“, afirmó un sorprendido Luis Ospina antes de iniciar la exhibición del documental “Agarrando pueblo”, filmada en 1977 y terminada en Francia en 1978. La película es una pieza fundamental para el cine experimental latinoamericano, se trata de un falso documental protagonizado por Ospina quien interpreta a un director de un equipo audiovisual que registra, manipula y captura con cámara en mano la miseria de la ciudad de Cali. Es un documental de protesta que hace escapar risas, mientras la cámara hostiga a indigentes y mendigos. Un hombre revolcando su cuerpo sobre vidrios molidos, niños negros en la calle pidiendo limosna, niños desnudos bañándose en una pileta pública de la ciudad de Cali.

Durante la jornada de cierre del cine club público de Transfrontera, Luis Ospina hizo lectura del manifiesto porno miseria que denunciaba el cine miserabilista, ese cine que muestra a los pobres como mendigos, que promueve la lástima y no la emancipación de sus sujetos. En su momento la película fue calificada de anarquista y 40 años después de su estreno es una película de alta vigencia. “Agarrando pueblo” (1978) fue una frase que escucharon Ospina y Mayolo, un grito que recibieron por parte del protagonista de la película, un personaje delgado, que aparece al final de la película y que quiebra la ficción del relato, un marginado que vive en la pobreza, un intelectual pobre y que termina restregando billetes en sus nalgas como señal de protesta.

¿Quién tiene el poder de hacer cine?

¿Quién tiene el poder de hacer cine? Esta fue la pregunta que giró durante el conversatorio extendido con Luis Ospina. Yola, la mujer boliviana y activista feminista, preguntó que por qué los blancos no grababan sus vidas, por qué tenían que grabar a los indígenas, ¿qué acaso sus vidas no tenían nada interesante? Ospina recalcó la ética necesaria al momento que registramos al otro. Muchas películas se registran y los sujetos filmados no saben para qué son utilizadas estas imágenes. En su extensa filmografía Luis Ospina ha continuado grabando a algunos de sus personajes (ver su película “Oiga vea”), viendo cómo pasa el tiempo en sus cuerpos y mostrando los films a personas documentadas que nunca se vieron en la pantalla. “El acto de dejarse filmar es el acto más generoso del ser humano“, dijo en un casa ariqueña convertida en sala de edición y montaje, con asistencia de más de 50 residentes peruanos, bolivianos y chilenos.

Para el cineasta colombiano es importante no perder el humor. Deteniéndose en explicar su experiencia en el cine de trans-ficción Ospina relató que en un comienzo para “Agarrando pueblo” intentaron con actores, pero no resultó, fue un fiasco porque los actores desconocían la improvisación de un director al momento de enfrentarse a episodios confrontacionales con una cámara. “La gente comienza a reírse y luego a sentir culpa con esta película”, dijo este transgresor cineasta -que aparece desnudo en “Agarrando pueblo”- declara que sólo le interesan las películas donde el director se involucra apareciendo en su obra cinematográfica. “En el inicio se confundió el documental con la verdad, pienso que todo pasa por una subjetividad y un punto de vista. Porque o sino sería como ver material en bruto”. Ospina es un lector atento, para quien la crítica de cine ya no existe en los medios. Un entusiasta Luis Ospina celebró “el encuentro físico con el material fílmico” posible en la escuela de cine experimental Transfrontera. “Es bonito que haya este tipo de encuentros y acercamientos al cine”. La obra de Luis Ospina está disponible de forma gratuita en su sitio web: www.luisospina.com

 

Anuncios

0 comments on “¿Quién tiene el poder de hacer cine? Crónica de la primera vez en Tacna y Arica del director colombiano Luis Ospina

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: