bitácora

“Viejo calavera” y la primera noche

Hacia las minas de estaño, en la ciudad de Huanuni en Bolivia, se trasladó la audiencia de Trasfrontera con la película de Kiro Russo “Viejo Calavera” (2016). La película inaugural de Transfrontera es protagonizada por el sindicato de mineros de Huanuni, mineros que en sus cascos llevan una imagen del Ché Guevera pegada; un grupo de hombres que mastica la coca para soportar el dolor y el hambre bajo tierra. En Bolivia “viejo calavera” es un dicho de señoras: “¡eres un calavera!” se dice para alguien que está en mal camino, alguien que está llamando a la muerte. Edler Mamani es el protagonista descarrilado de “Viejo calavera”, que vive borracho y es un problema para una familia en el altiplano.

Las minas de Huanuni son minas de estaño. El estaño es un metal básico usado en la construcción de celulares y computadores. El mismo estaño es parte del computador que permitió proyectar Viejo Calavera en el centro de experimentación cinematográfica Transfrontera, que por segunda vez convoca a más de 50 chilenos, peruanos y bolivianos. Madres, padres, activistas, bailarinas, periodistas, muchos tuvieron que pedir permiso en sus trabajos para participar en este encuentro multicultural. Provienen de ciudades andinas como Potosí, Arequipa y La Paz, hasta vienen viajando desde hace dos días en bus y avión para llegar y vivir durante una semana la experiencia de discutir y crear en torno al cine latinoamericano.

El equipo de producción de “Viejo Calvera” estuvo integrado en su primera fase por el cineasta Miguel Hilari, tutor de Transfrontera, quien participó en las extensas jornadas de grabación en los socavones de la mina. “Éramos un equipo pequeño de grabación. Íbamos a las minas, en uno de los tres turnos de 8 horas. De cinco de la mañana hasta la una de la tarde, nos acostumbramos a ese ritmo”, comentó Miguel Hilari, luego de la exhibición de la película el domingo 16 de julio en Arica, resaltando el esfuerzo que significó para el equipo dirigido por Russo hacer cine en Bolivia.

La película ha obtenido importantes premios en festivales internacionales como Locarno (Suiza) y BAFICI (Argentina) y es la segunda vez que se exhibe en Arica, un lugar donde las fronteras de Chile, Perú y Bolivia arman una esquina. “Es extraño ver una película boliviana en Arica”, comentó Miguel Hilari, luego de la proyección en la casa Yanulaque.

La oscuridad de las minas de Huanuni es registrada magistralmente en “Viejo Calavera”. Somos espectadores de asambleas y una votación sindical para decidir el lugar para las vacaciones. Durante la discusión posterior a la muestra de la película, alguien en el público la comparó con “Los 33”, película que algunos se vinieron viendo en el bus hacia Arica y que retrata una historia de mineros protagonizada Antonio Banderas. Ambas películas se refieren al trabajo de las minas en las zonas andinas. Pero “Los 33” es el opuesto de “Viejo Calavera” donde no son estrellas de cine intentando representar a mineros, sino que son los propios mineros los que se tomaron la pantalla.

La narrativa divergente que construye Kiro Russo sorprendió a los participantes de la noche inaugural de Transfrontera. Esta película es el testimonio de que hay creadores que están pensando cómo construir otra imagen de América Latina, donde las madres pastoras gritan wawitay por la pérdida de un hijo, donde los cineastas registran los taladros sobre la roca, donde la montaña es el lugar de vacaciones y goce de un grupo de hombres.

Desde un aeropuerto, mientras viaja a España por otra nominación que ha recibido por su película,  Kiro Russo nos comparte una pequeña apreciación sobre su cine.

Me interesa trabajar ciertos temas bolivianos y darles una nueva interpretación. La imagen del minero en Bolivia siempre ha sido una imagen fundamental en la historia de este país. Pero, en un principio, cuando fuimos a las minas mi interés era la oscuridad. También tener un diálogo con una infinidad de películas y documentos fílmicos que había sobre el tema en Bolivia, pero que siempre tenían la misma forma de representación dentro del discurso. Además, tocar el tema minero era una manera de dialogar directamente con el grupo Ukamau, que es algo que me interesa mucho, un grupo que ha retratado a los mineros y a los indígenas en la época de los años 60 y 70, en el cine militante. O sea, tener un diálogo y, de alguna forma, hacer una crítica tanto a Ukamau como a los mismos mineros. Eso es lo que busca esta película”.

 

 


Cristeva Cabello 

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