bitácora

Cine para traspasar fronteras

Arica es testimonio de la historia de violencias racistas donde durante el proceso de chilenización las casas de los peruanos fueron marcadas con una cruz. En un contexto de constante hostilidad y xenofobia entre peruanos, chilenos y bolivianos, Transfrontera aprovecha el cine para unir a personas de naciones distintas a través de la creación cinematográfica colectiva. “El cine es un trabajo colectivo, no se puede hacer de modo solitario”, cuenta la cineasta Camila José Donoso en la noche de apertura . Son jóvenes limeñas, cineastas de Arequipa o artistas visuales de Potosí o la Araucanía que fueron seleccionados entre más de 200 postulaciones recibidas para su segunda edición. Durante la semana han experimentado a través del sonido, el plano Lumière o filmaciones en terreno con la guía de los cineastas Ignacio Agüero (Chile), Manuel  Trujillo (México), Lorena Blest (Perú) y Miguel Hilari (Bolivia).

El morro de Arica es el gran precipicio de 130 metros de altura que se divisa desde gran parte de las calles del centro. El morro está herido, los chilenos lo dinamitaron hace más de 50 años. Se crearon nuevas playas más allá del morro y una carretera. A modo de presentación Camila Donoso muestra imágenes de archivo de Arica y su historia: el morro, una imagen de Arica hace más de 100 años, propaganda política durante la época de la guerra entre Perú y Chile, un ángel con la bandera peruana a su espalda, un retrato de la familia Yanulaque donde aparece un padre inmigrante griego, una esposa afroariqueña y sus hijos, y un hotel que fue explotado y no existe. El archivo pertenece a la familia Yanulaque.

Hoy la señora Ariela Yanulaque es la propietaria de la Casa Yanulaque, el espacio cultural donde se realizan las funciones nocturnas; historias de taxistas limeños, huasos brutos chilenos, transformistas mexicanas o mineros cholos. En esta misma casa se realizan los talleres, donde los participantes escriben cartas visuales o rallan sobre películas de 16 milímetros. “No sabía que se podía hacer cine sin cámara”, dice un joven paceño, luego de participar en un taller con el tutor mexicano Manuel “Morris” Trujillo.

Héroes sin cabeza

Una semana antes del comienzo, la ciudad de Arica despertó de luto: decapitaron a cuatro héroes nacionales. Amanecieron sin cabeza los monumentos de los héroes de la Toma del morro, aquellos que lucharon con armas por este territorio. Dicen que las personas lloraban y que se entregaron ofrendas. Tres cabezas fueron encontradas, pero de la otra no se sabe su paradero. Se extravió la cabeza de un héroe que no pudo continuar estando en la frontera. Un ataque contra Chile y su historia militar en una ciudad donde en el año 1925 se realizó un plebiscito y sus habitantes votaron si querían que Arica fuera chilena o peruana. Una capital que queda a 45 minutos de Tacna. Lima y La Paz están más cerca que Santiago. “La gente del norte que llega a Arica viene de paso, no se queda, van a Tacna”, me dice un becario ariqueño que se dedica a tomar fotografías. 

Situaciones fantásticas ocurren en una ciudad donde las familias se dividieron por la guerra. Esto es parte de la historia de la familia Yanulaque, a quienes pertenece la casona patrimonial de varios metros de altura, con altas vigas teñidas del azul y blanco que recuerdan la bandera de Grecia. Esta casa, que perteneció a inmigrantes griegos y que en el siglo XIX fue un gigantesco almacén es el escenario donde se desarrolla la segunda edición del centro de experimentación cinematográfica que reúne a chilenos, bolivianos y peruanos en torno a cine. El interior de la casona fue intervenido con una gran pantalla de cine gestionado por el equipo de producción liderado por Rocío Romero (Mimbre Producciones). Una sala abandonada fue remodelada para realizar un taller de aproximación al revelado y proyección de material fílmico en 8 milímetros. Las imágenes de perros quiltros, palmeras y mar pasan en loop sobre las enormes murallas de esta casona cultural.

Rocío es una mujer ariqueña, estudió producción cinematográfica en Santiago y durante su presentación de bienvenida recordó que en su colegio le obligaban a cantar el himno de Arica para el 7 de junio. Escolares cantando a la bandera nacional, mientras tanto, al otro lado de la frontera -en Tacna- las niñas y niños homenajean con ofrendas florales a sus mártires caídos el día 26 de mayo. “Un niño no tiene la capacidad de discernir que este acto es muy violento. Se pensaba que eran muy buenos los héroes”, cuenta. “Hay que deshacerse de una educación marcada por la xenofobia y el racismo”, afirmó la gestora de cine que durante Transfrontera apoya los procesos de creadores emergentes en el sur andino.

Arica es una ciudad teñida por la arena de su suelo. La arena sobresale en las veredas, sobre los autos y las calles. Hippies sándwich. En la noche los cerros cobrizos desaparecen y de repente se ve caminar a un loco usando una máscara de Spiderman. Las calles del centro de Arica están remodelándose. Los basureros son rojos y las calles principales tienen pinturas con signos incaicos. Un paceño opina que las calles de Arica le parecen afrancesadas. Completos Tribilín. La ciudad tiene un gran carnaval a fines de enero, durante la época de verano. El cine genera procesos catárticos. No hay fronteras y descubrimos que Salvador Allende estudió su educación primaria en Tacna.


Cristeva Cabello 

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