bitácora

Proyectoras de súper 8, melancolía limeña y el nieto de un dictador

 

En la cima del Morro de Arica hay un museo militar, hay cañones donde los niños, turistas de cabellos dorados o rasgos aymará se toman fotografías. Delia decide grabar aquí desde las alturas. Es nuestra primera vez en este extremo. Delia filma el mar, un barco y el género de las banderas flamean. Delia es becada de Transfrontera por segundo año consecutivo, es parte de los 10 seleccionados que son parte de la segunda generación de becados. Delia está concentrada, no quiere grabar personas, sólo grabar el mar que en la pantalla se ve amarillo, casi blanco con el reflejo del mar, es como ver el sol en el agua. Escribe en su cuaderno de apuntes “no tengo esposo, no tengo computadora, no soy chilena”.

Delia pasa de arar la tierra cerca del lago Titicaca a filmar con cámaras handycam que Ignacio Agüero trajo desde Santiago. Agüero recomienda grabar con la cámara pequeña para mirar mejor lo que se registra. Las manos de esta mujer que vive frente al lago más alto del mundo acarician un cañón militar chileno.

Matías es director de fotografía de películas como Naomi Campbell (2015) y Nunca vas a estar solo (2017), Mala Junta (2017) y muchas más. Saca el foco, luego enseña a poner la película. La película lleva un corte diagonal en su punta para conocer donde comienza. “No le tengan miedo a estas máquinas, hay que perder el miedo”, le dice al grupo de becados ubicados frente a cuatro proyectoras de 8 milímetros. “Venimos trabajando hace un año en respuesta al cine tradicional. El súper 8 es una respuesta a otro tipo de formatos. Nos gusta pensar la dimensión plástica del súper 8 como una meditación visual. Queremos relacionarnos personalmente con este plástico que está hecho de huesos”, explica Matías.

El ritmo es intenso en Transfrontera, todos los días las decenas de seleccionados aprenden sobre el hacer del cine o viajan hasta un oasis natural cerca de la Villa Frontera. Los moteles abundan en esta zona, dice “Migu” como llaman a Miguel Hilari, cineasta boliviano que durante las tardes ha viajado con grupos de personas a grabar incluso dentro de una lancha artesanal. Miguel usa lentes, un chaleco y su padre vive cerca del lago Titicaca. Delia le dice lago al mar y nos reímos de esta confusión.

Hay que tener cuidado para que la película no se atasque. Se ve un perro de Arica sobre el muro y unas manchas negras aparecen y desaparecen. El revelado a veces es imperfecto.

Algunos de los becados exhiben sus cortos y largometrajes para recibir comentarios de los tutores. Mauricio Obando viene de la Paz y por segundo año es parte de la Escuela de Cine Transfrontera. Tiene un largo de 90 minutos, un documental biográfico que partió con el material fílmico de su familia. Su abuelo grabó su vida durante la década de los 70, fue un dictador que estuvo en el poder cuatro veces en el país. Mauricio descubrió que el cineasta Jorge Sanjinés nombra a su abuelo como responsable de masacres y asesinatos contra el pueblo boliviano. Un hombre en silla de ruedas baja a gran velocidad por el paseo 21 de mayo que está inclinado. Dice que su abuelo no es recordado por los bolivianos. Una paceña me dice que no existe alguien típicamente boliviano, que hay caracteres paceños o de las personas que vienen de Santa Cruz. Agüero afirma que Pinochet y Violeta Parra son típicamente chilenos.

Las proyectoras pesan y los estudiantes comienzan a perderles el miedo. Entre ellas hay una seleccionada proveniente de la Araucanía. Trabaja en su territorio en una comunidad mapuche a algunos kilómetros de Temuco. María Moreno es su nombre, como la cronista argentina. Es feminista y destaca que este encuentro sea organizado principalmente por mujeres. El sol se esconde en Arica. Aquí es raro ocupar frazadas, las mantas atigradas se venden para taparse del frío.

Lorena Best explica que durante la década de los 90 había pocas mujeres haciendo cine en Perú, un oficio tradicionalmente masculino. Una de estas mujeres es Heddy Honigmann. Lorena fue la encargada de hablar con ella para poder mostrar su película “Metal y melancolía” en Transfrontera. Está radicada actualmente en Holanda. En su película, conversa con taxistas en Lima, con aquellos que vivieron en una época de crisis económica. Fueron economistas, médicos y madres los que se subieron a sus autos, compraron una calcomanía con la palabra “Taxi” y se hicieron un sueldo atravesando una Lima de valses tristes, niños vendedores de cigarros y cuerpos hediendo en el cementerio. El padre de Lorena Best también trabajó como taxista. Era la época que en Lima llegaron las bombas y los atentados, explican integrantes de países peruanos durante el conversatorio posterior a la película.
Hay otra Lorena que vive hace dos años en Chile, es madre, caleña y está apresada en esta orilla que es Chile. Ha salido sólo dos veces de Arica hasta Tacna. Lorena la cineasta, es madre, profesora y vive en Lima. En Arica las tortas de mil hojas llevan mango. Dicen que Lima tiene mucho de metal frío.


Cristeva Cabello, 22 de julio.

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